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Mensaje de Cáritas Parroquial con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres del 17 de noviembre.

Nos convoca el Papa para celebrar la Jornada Mundial dedicada a los Pobres, que tiene por objeto animarnos a todos los creyentes a hacer una reflexión personal y colectiva respecto a la pobreza en nuestro mundo actual. El salmo “LA ESPERANZA DE LOS POBRES NUNCA SE FRUSTARÁ” nos pide que meditemos ¿Qué SON PARA NOSOTROS LOS POBRES Y QUÉ SOMOS NOSOTROS PARA ELLOS?.

En muchas ocasiones y muchos de nosotros asociamos la palabra “POBRE” con estas personas que se nos acercan con la mano extendida pidiendo una limosna o con aquellos que vemos durmiendo en un banco o sobre unos cartones en un portal.

También tenemos las imágenes que vemos en televisión sobre hambruna, desolación, soledad y muerte que hay en muchas partes de nuestro mundo, y pensamos que están muy lejos de nosotros y que aquí, en nuestro entorno esto no se da.

El Papa Francisco nos invita a abrir los ojos a otras muchas pobrezas que hay a nuestro alrededor y saber verlas y hacer algo cada uno y colectivamente para remediarlas en lo que podamos.

Como Comunidad cristiana tenemos la obligación y la necesidad, si queremos ser fieles a lo que decimos en el Padre Nuestro, de ayudar, acompañar, proteger, defender y salvar a nuestros hermanos más pobres y débiles en las diferentes situaciones que se dan en nuestra sociedad actual.

Hemos oído noticias de personas mayores que nadie se da cuenta de su fallecimiento. No se las echa de menos y nos preguntamos “¿Cómo es posible que no se hayan dado cuenta los vecinos de que hacía tiempo que no se las veía?”. Pero veamos nuestra comunidad de vecinos y ahora pensemos si hay alguna persona en esa situación de aislamiento y soledad.

Vienen emigrantes de otros países que no han tenido nuestra suerte. En Cáritas acogemos familias en las que la madre ha venido de su país buscando un trabajo para poder enviar algo a su familia y, si ha tenido suerte y encontró trabajo, se trae a los suyos porque la vida aquí es posible y en su país es un calvario.

Hay menores que huyen de su país porque están siendo perseguidos por las maras, y quieren rehacer su vida evitando dejar pistas de su paradero. O personas que han salido de Venezuela “con lo puesto” y están vagando por la T4 esperando encontrar alguien que les ayude y, si todo fuera bien, poder traerse en el futuro a su familia.

Hay muchos jóvenes y no tan jóvenes que quieren salir de la droga y algunos son acogidos y ayudados en hogares como la Asociación Hontanar, de los Franciscanos TOR, en Vallecas, en la que colaboran bastantes personas de nuestra parroquia.

Otro hecho muy sangrante son los trabajos que se ofrecen a personas inmigrantes que aún no tienen “sus papeles en regla” y, al no poder firmar aún un contrato de trabajo, reciben un salario indigno, muy por debajo de lo debido, aprovechándose otros de esa situación.

¿Y qué deciros de cuando una mujer embarazada viene solicitando ayuda “porque no quiere abortar como le pide su pareja” y que, si no, la abandona? . Gracias a Dios podemos recurrir a ayudas internas de Cáritas y sobre todo externas que pueden acoger y ayudar dando albergue y ayudas.

Tenemos colegios de nuestro entorno a los que damos becas de alimentos a niños para que estén en igualdad de condiciones con sus compañeros de comedor. Todos conocéis que de forma similar se mantiene el comedor de Huamachuco en Perú.

Uno se siente perdido ante tanta pobreza y, gracias a vosotros, en caritas podemos hacer algo para resolver la situación aunque sea solo un primer paso. Ahí es cuando notamos que somos las manos de la comunidad y de Cristo ayudando al necesitado. Lo más preciado de todo ello es que uno se siente “repartidor del pan y los peces” que se están multiplicando, gracias a Dios.

Como dando se recibe más de lo que se da, yo quiero compartir con vosotros la alegría de ser el medio por el cual el amor de la comunidad parroquial llega a los preferidos de Jesús.

El dar de nuestro dinero y nuestros bienes tiene un efecto multiplicativo y uno de los objetivos de esta Jornada es que seamos conscientes de ello. Un poco de nuestro tiempo invertido en amor a los pobres que nos rodean es evangelizar.

Hay muchas acciones que hacemos “porque nos salen de dentro” pero tienen una raíz: EL AMOR DE DIOS A LOS HOMBRES que se difunde gracias a nosotros. ¡Y tenemos que ser conscientes de ello!.

El Amor que se da a un mayor o al enfermo que tenemos en casa es también una expresión de ese Amor de Dios y ¡qué bendición poder hacerlo!. Si damos amor es porque lo tenemos y por nuestra fe sabemos que será colocado en la balanza en nuestro momento.

En esta sociedad en la que estamos hay un gran problema de “soledad sobrevenida”, aquella que uno no desea, pero se le viene encima. La soledad en los hospitales o en las residencias de mayores es otra de las pobrezas que nos rodean. Y para ayudar en ello no hay edades. Es impresionante saber que una persona con un ictus cerebral que aparentemente ya no era en absoluto consciente, luego nos dice que sentía la compañía que se le daba.

Es una oportunidad para manifestar nuestro amor a los necesitados y tenemos que saber descubrir que así Dios me da la oportunidad de ser SU herramienta y ello nos debe hacer felices porque esto es la forma que se nos da para hacer que el Reino de Dios empiece en esta vida.

Es un privilegio mostrar el Amor de Dios porque eso significa que lo sentimos y forma parte de nuestro espíritu. ¡Cuánto nos conforta, en esos momentos de soledad o de impotencia, saber que si doy amor es porque Él me ama!.

Otros muchos realizan acciones caritativas en nuestra sociedad; aunque no lo sepan, lo hacen porque Dios les ha dado ojos para ver esas pobrezas e intentar remediarlas. Pero nosotros, creyentes en el Amor de Dios, SÍ SABEMOS que formamos parte de su designio. Por eso también tenemos que ser conscientes de que, con esta forma de actuar, ponemos de manifiesto su Evangelio.

¡Atrevámonos a encontrar nuestra forma personal de expresar el Amor de Dios en nuestro entorno y a elegir cómo combatir las pobrezas de nuestra sociedad!. Al hacerlo, seamos conscientes de ser las MANOS Y EL CORAZÓN de DIOS!.

 

Jose Carlos Santas – Coordinador Caritas Parroquial