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Grupo de jóvenes de la parroquia: crónica de la Semana Santa

Sin duda alguna, esta Semana Santa ha sido distinta a cualquier otra que nosotros, los jóvenes de la parroquia, hayamos vivido antes. Ha sido un tiempo de incertidumbre, de dolor por la pandemia, por los difuntos y los enfermos. Es un tiempo de dificultad, que ninguno de nosotros nos esperábamos. Y, sin embargo, en plena cuaresma, también ha sido un tiempo de recogimiento, y de vida familiar. De reflexión, oración, y un redescubrimiento de la importancia de eso que se llama la “Iglesia Doméstica”.

Para mí, uno de los primeros momentos de inflexión, fue la oración del Papa por la pandemia. Contemplar al Santo Padre, solo, en medio de la Plaza de San Pedro, bajo la lluvia, rezando… Me conmovió. Durante el rato de oración frente al Santísimo me hice consciente de que toda la Iglesia Católica estaba rezando en el mismo momento, por el mismo motivo. Fue sobrecogedor. Familias como la mía, parroquias como la nuestra, cada uno desde sus casas, rezábamos a la vez. El grupo de jóvenes comentamos también lo impactante de esa imagen.

Poco después, se acercaba ya la Semana Santa. Esa que en la parroquia vivimos tan intensamente. Tanto en los oficios, como la Hora Santa como el Vía Crucis, y desde luego, la Vigilia Pascual. Por supuesto, se ha echado de menos poder celebrar, y recibir los sacramentos, con la cercanía física de la Comunidad. Recibir sacramentalmente el perdón y la eucaristía; ver a nuestros sacerdotes servir físicamente a los demás con el lavatorio de los pies; nuestra oración ante el monumento; la adoración de la cruz; la alegría de todos al final de la Vigilia… Y, sin embargo, esta Semana Santa creo poder decir que la he vivido intensamente.

Es de agradecer el acompañamiento que hemos recibido permanentemente desde nuestra parroquia. Porque, aunque no la hayamos podido vivir físicamente, sí hemos estado espiritualmente unidos. Gracias a Eduardo y al Padre Antonio, que nos han acercado a Dios en todo en lo que han podido. Organizaron, en primer lugar, una Celebración Comunitaria de la Penitencia, que nos permitió a todos prepararnos espiritualmente para eso que íbamos a vivir. Fue un momento sencillo, pero que nos permitió pedir perdón unidos a toda la parroquia.

Después, y ya en pleno triduo pascual, se fueron entremezclando los oficios, que en mi casa seguíamos desde Roma, con el Papa, con las actividades parroquiales. Como joven que suele participar en la celebración desde el canto, ha sido emocionante vivir todas estas celebraciones sentado junto a mi familia, y combinar la solemnidad de la liturgia y los cantos de Roma con la sencillez de los mensajes del Papa. Y después de esta experiencia de Iglesia Universal, siempre teníamos el complemento y el acompañamiento de la Comunidad, representada en nuestra parroquia, conectada en todo momento a la vivencia universal, pero haciéndonosla tangible en lo particular.

El Jueves Santo, Eduardo y el Padre Antonio nos acompañaron en una Hora Santa de oración en la que acompañamos a Jesús en su sufrimiento del Huerto de los Olivos. ¿Qué mejor forma de identificarnos con Él, si nosotros vivimos un momento similar de angustia, de incertidumbre, de sufrimiento? Al día siguiente, acompañamos a Cristo con el Via Crucis por la mañana. Quince estaciones, en las que recorrimos también los distintos sufrimientos de Jesús, reflejados en el sufrimiento actual del mundo. Pero siempre con la esperanza de la resurrección, la decimoquinta estación.

Esa Esperanza que también nos recordaba el Papa en su mensaje de la Vigilia Pascual el domingo. Porque nuestra carga se hace más llevadera si somos conscientes de que Cristo también pasó por grandes sufrimientos en su Pasión. Porque la resurrección da sentido a todo lo que vivimos. Y la comunidad nos acompaña en ese camino.

Por eso, seguimos rezando por el mundo. Para que seamos capaces de sobreponernos a esta pandemia, y que seamos humildes, para ver a Dios junto a nosotros. Pero también doy gracias de haber podido vivir una Semana Santa diferente, que, a pesar de las dificultades, me ha llenado de otra forma. Ha sido una Semana Santa de Iglesia Universal, de Comunidad, aun desde el confinamiento. Y doy gracias a Dios también por mi parroquia, que sigue haciéndose presente en los momentos difíciles, y por acompañarme en todo momento. Desde mi familia rezamos por todos, y os pedimos que recéis también por nosotros.